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Cómo es una funduplicatura laparoscópica

  • arturogz9
  • hace 6 horas
  • 6 min de lectura

Cuando el ardor asciende hasta la garganta, altera el sueño o persiste a pesar de la medicación, el reflujo deja de ser una simple molestia. Entender cómo es una funduplicatura laparoscópica ayuda a valorar con más tranquilidad una alternativa quirúrgica diseñada para corregir el mecanismo que permite el paso anormal de ácido desde el estómago hacia el esófago.

La funduplicatura laparoscópica es una intervención mínimamente invasiva que se emplea, sobre todo, en pacientes con enfermedad por reflujo gastroesofágico y, con frecuencia, hernia de hiato. Su objetivo no es solo reducir la acidez: busca reforzar la barrera natural entre el esófago y el estómago para evitar que el contenido gástrico vuelva hacia arriba.

No todas las personas con reflujo necesitan cirugía. La indicación se estudia de forma individual, teniendo en cuenta los síntomas, la respuesta al tratamiento médico, las pruebas diagnósticas y la anatomía de cada paciente. Esta valoración detallada es la base de una cirugía precisa y segura.

Qué corrige esta operación

En la unión entre el esófago y el estómago existe un mecanismo muscular que funciona como una válvula. Al tragar, se relaja para dejar pasar los alimentos; después, debe cerrarse para impedir el reflujo. Cuando esta barrera es débil o cuando parte del estómago asciende a través del diafragma, como sucede en una hernia de hiato, el ácido puede irritar el esófago.

La funduplicatura consiste en utilizar la parte superior del estómago, denominada fundus, para crear un refuerzo alrededor de la porción final del esófago. Además, si hay una hernia de hiato, se devuelve el estómago a su posición abdominal y se repara el orificio del diafragma por el que se ha desplazado.

El resultado esperado es una barrera antirreflujo más competente. Sin embargo, la cirugía no se decide únicamente por la intensidad del ardor. Regurgitación, tos nocturna, dolor torácico no cardiaco, dificultad para tragar o daño del esófago pueden formar parte del cuadro, pero cada síntoma requiere una evaluación clínica rigurosa.

Cómo es una funduplicatura laparoscópica paso a paso

La operación se realiza bajo anestesia general, por lo que el paciente permanece dormido y no siente dolor durante el procedimiento. Tras preparar el abdomen, el cirujano realiza varias incisiones pequeñas, habitualmente de pocos milímetros. A través de ellas se introduce una cámara de alta definición y el instrumental específico para trabajar dentro del abdomen.

Se insufla dióxido de carbono de manera controlada para crear espacio y visualizar con precisión las estructuras. La cámara permite ampliar la imagen del hiato, el esófago, el estómago y los tejidos circundantes. Esta visión detallada es una de las ventajas de la laparoscopia frente a una incisión abierta tradicional.

Reparación del hiato y reducción de la hernia

Si existe hernia de hiato, el primer paso consiste en liberar cuidadosamente el esófago y devolver al abdomen la parte del estómago que se ha desplazado hacia el tórax. Después se aproximan los pilares del diafragma con puntos de sutura para reconstruir un hiato de tamaño adecuado.

Esta fase exige precisión. Un cierre demasiado laxo podría favorecer la recurrencia de la hernia; uno excesivamente ajustado puede dificultar el paso de los alimentos. El criterio del cirujano, la anatomía del paciente y la tensión de los tejidos influyen en esa decisión.

Creación de la funduplicatura

A continuación, el fundus gástrico se moviliza y se coloca alrededor del esófago distal, fijándolo con suturas. No existe una única técnica válida para todos los casos. La funduplicatura completa, conocida habitualmente como Nissen, rodea el esófago en 360 grados. Las funduplicaturas parciales, como Toupet, lo hacen de forma incompleta, con frecuencia en 270 grados.

La elección depende de factores como la motilidad del esófago, los resultados de la manometría, la presencia de disfagia previa y las características de la hernia. En pacientes seleccionados, una funduplicatura parcial puede ofrecer un buen control del reflujo con menor probabilidad de dificultad al tragar. En otros, la técnica completa puede ser la opción más adecuada.

Al finalizar, se revisa que no haya sangrado y que la reparación quede sin tensión. Las pequeñas incisiones se cierran con suturas, adhesivos o apósitos. La duración puede variar según la complejidad anatómica, la existencia de cirugías previas o el tamaño de la hernia, pero habitualmente se completa en unas pocas horas.

Pruebas antes de indicar la cirugía

La decisión de operar debe apoyarse en información objetiva. Una endoscopia digestiva alta permite valorar esofagitis, hernia de hiato, estrechamientos u otras lesiones. La pH-metría o pH-impedanciometría mide la exposición al ácido y su relación con los síntomas. La manometría esofágica analiza cómo se contrae el esófago al tragar y orienta sobre el tipo de funduplicatura más conveniente.

En algunos casos también se solicita un estudio radiológico con contraste. Estas pruebas no son un trámite: ayudan a confirmar que los síntomas se deben realmente al reflujo y a planificar la cirugía de forma personalizada. Por ejemplo, una persona con ardor persistente pero sin reflujo objetivable puede necesitar un enfoque distinto.

Beneficios de la vía laparoscópica

La cirugía laparoscópica busca resolver el problema con menor agresión sobre la pared abdominal. Al realizarse mediante incisiones pequeñas, suele asociarse a menos dolor postoperatorio, menor pérdida de sangre, menor riesgo de complicaciones relacionadas con heridas amplias y una recuperación más ágil que la cirugía abierta.

Muchos pacientes permanecen una noche en el hospital, aunque la estancia puede variar según su evolución, enfermedades asociadas y complejidad de la reparación. Caminar temprano, controlar las náuseas y reiniciar la ingesta de forma progresiva forman parte del cuidado inmediato.

La laparoscopia no significa que la intervención sea menor. Es una cirugía especializada que requiere planificación, tecnología adecuada y un equipo con experiencia en cirugía digestiva y de pared abdominal. La seguridad depende tanto de la técnica como de una indicación correcta y de un seguimiento atento.

Recuperación: qué puede esperar el paciente

Durante los primeros días es habitual sentir cansancio, molestias en las incisiones, hinchazón abdominal o dolor referido en el hombro por el gas utilizado durante la laparoscopia. Estas sensaciones suelen mejorar de forma progresiva con la movilización, la medicación pautada y el paso de los días.

La alimentación es una parte central de la recuperación. Tras la funduplicatura, la zona operada necesita tiempo para desinflamarse y adaptarse. Por ello, el avance dietético suele comenzar con líquidos y alimentos de textura suave, para incorporar gradualmente opciones más consistentes según la pauta del equipo quirúrgico.

Conviene comer despacio, masticar muy bien, tomar porciones pequeñas y evitar bebidas con gas al principio. También puede ser necesario evitar temporalmente pan, carne fibrosa, arroz seco u otros alimentos que cuesten más de tragar. La pauta exacta no debe copiarse de otro paciente: se ajusta a la técnica realizada y a la evolución individual.

La mayoría de las personas puede retomar actividades suaves en poco tiempo, mientras que los esfuerzos físicos, el levantamiento de peso y el ejercicio intenso se reintroducen de forma gradual. La vuelta al trabajo depende del tipo de empleo y de la recuperación de cada paciente.

Riesgos y efectos secundarios posibles

Como toda cirugía, la funduplicatura laparoscópica tiene riesgos, aunque se toman medidas para reducirlos. Entre las complicaciones poco frecuentes se encuentran sangrado, infección, lesión de órganos cercanos, problemas relacionados con la anestesia, trombosis o necesidad de convertir a cirugía abierta si la seguridad lo exige.

También pueden aparecer efectos específicos de la reparación antirreflujo. Algunos pacientes notan dificultad transitoria al tragar, sobre todo durante las primeras semanas. Otros pueden tener sensación de plenitud precoz, más gases o dificultad para eructar y vomitar. En una minoría de casos, el reflujo o la hernia pueden reaparecer con el tiempo y requerir una nueva valoración.

El objetivo no es prometer una ausencia absoluta de síntomas, sino ofrecer una solución bien indicada con expectativas realistas. Antes de decidir, el cirujano debe explicar qué mejoría es razonable esperar, qué molestias pueden aparecer durante la adaptación y cuándo conviene contactar con el equipo.

Señales que requieren consulta tras la operación

Dolor que aumenta en lugar de mejorar, fiebre persistente, vómitos repetidos, incapacidad para tolerar líquidos, falta de aire, enrojecimiento intenso de una herida o dificultad progresiva para tragar son motivos para comunicarse con el equipo médico sin demora. Un seguimiento cercano permite detectar y tratar cualquier incidencia de forma temprana.

Elegir una funduplicatura no debe basarse solo en el deseo de dejar medicación. La mejor decisión surge cuando los síntomas, las pruebas y la experiencia de un cirujano especializado apuntan en la misma dirección. Con una evaluación individualizada y acompañamiento postoperatorio, el proceso puede vivirse con más información, seguridad y confianza.

 
 
 

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